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© A. Villoria Roza


martes, 20 de marzo de 2018

SEMANA SANTA


Señor, eres el pastor que guía mis pasos
         el que nunca me abandona y me quiere
         el que escucha mis lamentos, callado,
         el que cura mis heridas si me hieren;
         y al que no quité los clavos.
         Ya viene la Cruz y la primavera,
         la corona de espinas y los soldados,
         con el látigo, negro, en la mano
         posándolo en tu cuerpo ensangrentado,
         arrogantes y despiadados.
         No quiero cerrar los ojos a tu paso,
         para que mi sufrimiento vea tu amor
         rodeado de mercaderes malvados
         profesando su devoción sin pavor,
         sabiendo que no son cristianos.
         Ya las lágrimas se van recogiendo
         que Dios a su hijo le quita los clavos;
         los profetas y María van subiendo,
         la Semana Santa, se va marchando.

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