Señor, eres el pastor que guía mis
pasos
el que nunca me abandona y me quiereel que escucha mis lamentos, callado,
el que cura mis heridas si me hieren;
y al que no quité los clavos.
Ya viene la Cruz y la primavera,
la corona de espinas y los soldados,
con el látigo, negro, en la mano
posándolo en tu cuerpo ensangrentado,
arrogantes y despiadados.
No quiero cerrar los ojos a tu paso,
para que mi sufrimiento vea tu amor
rodeado de mercaderes malvados
profesando su devoción sin pavor,
sabiendo que no son cristianos.
Ya las lágrimas se van recogiendo
que Dios a su hijo le quita los clavos;
los profetas y María van subiendo,
la Semana Santa, se va marchando.
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